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El “alfarismo” y el Gobierno Abierto: un nuevo reto

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Por Paul Alcántar|

Estamos de frente a liderazgos políticos legítimos que cautivan con la forma de comunicar. Personajes que han decidido trascender en la construcción de su historia personal a pesar de los costos que pueden significar en la esfera pública

Tenemos a un Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Estado que acumula no sólo el mayor capital político sino también el social y simbólico. También a uno no muy lejano, Enrique Alfaro, que ha tomado protesta como gobernador y asumido un rol combatiente, defensor del federalismo, conquistador de las conciencias que ven a la “cuarta transformación” como el preludio del fracaso nacional, y que sin duda usará su investidura para ser una opción real para el 2024.

La nueva era implica, pues, la disputa sobre el deber ser de lo político que nos aleccionan los salvadores de la nación y de Jalisco. Refundar y transformar: los nuevos mantras con los que hay que trabajar.

De López Obrador no sorprende el desdén que le impone a la sociedad civil; pero en Enrique Alfaro se deposita lo que en los últimos nueve años ha construido alrededor de lo que le significa ser “ciudadanos libres” y cómo éstos deben apoderarse de los espacios de decisión. Esa ha sido la receta que por años hemos escuchado del alfarismo y que hoy vemos resistencias con las que hay que lidiar.

Por ello bien valdría recordarle al grupo encausado a Movimiento Ciudadano que las formas para tomar decisiones sí implican reconocer los instrumentos de participación, no a conveniencia política sino a favor de ejercicios deliberativos como lo es el Gobierno Abierto.

En el marco de la pasada Feria Internacional del Libro, Álvaro Ramírez Alujas de la Universidad de Chile, señaló su sorpresa cuando observó que en Jalisco las agendas que la sociedad civil, sectores empresariales y las universidades locales pueden encontrar una plataforma común que busque “abrir” a los gobiernos de frente a la ciudadanía; que no sólo queda en la simulación del discurso el aparente interés que tiene el funcionariado de que la gente participe más en las decisiones públicas sino que se pretende establecer un mecanismo de inclusión social.

En ese intento el Gobierno Abierto, nos recuerda Ramírez Alujas, es un concepto que aglutina tres dimensiones pilares de la democracia moderna: la transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana.

Ninguno de los pilares democráticos pone en comodidad a los gobernantes

En este recuento de la legitimidad institucional que se puede construir alrededor del Gobierno Abierto vino un recordatorio del investigador: nuestra sociedad mexicana se encuentra, junto con otros países de latinoamérica, en medio de turbulencias sociales y políticas que se fueron acumulando en los últimos años y que nos trae como consecuencias expresiones del populismo de la izquierda y la derecha, tal como sucede en Venezuela y Brasil.

Por ello es importante que el gobierno local no desestime los avances que se han tenido en la materia de colaboración social con las organizaciones sociales y de la iniciativa privada, pero sobre todo que no desdeñe lo mucho que se ha avanzado en la participación ciudadana frente a procesos tan complicados como, por ejemplo, la exigencia de una #FiscaliaQueSirva para Jalisco.

Si el alfarismo desea realmente dar avances de interlocución, sugiero esa agenda pública.

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