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Taxis vs taxis de aplicación: competir por los mismos clientes

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Fabio Mendoza EDG

Este artículo es una crónica breve de una experiencia personal. Por la pandemia y falta de trabajo en los meses recientes, opté por pedir ayuda a un amigo y estuve un tiempo muy breve como conductor de taxi amarillo, los tradicionales de Guadalajara.

Desde la primera fila pude observar y entender lo que siempre a todos nos resulta indescifrable cuando lo vemos desde fuera: la animadversión de los taxistas tradicionales por los nuevos servicios de transporte por aplicación.

Tal recelo ya no llega a los golpes, afortunadamente. En años pasados se hicieron virales videos de taxistas tundiendo a golpes a conductores de Uber, a quienes, inclusive, llegaban a vandalizarles los coches en que trabajaban. Incluso, personas ajenas a Uber eran agredidos verbalmente por taxistas tradicionales por el hecho de traer coche nuevo, característica de los taxis de aplicación.

El centro de todo está en las tarifas. El banderazo inicial está en poco más de 9 pesos en los taxis tradicionales, mientras que en la vida diaria el mínimo que se cobra por un recorrido de unas cinco o seis cuadras es de 40 pesos. Con taxímetro, que casi nadie usa, sería la mitad de esa cantidad.

Con Uber, ese mismo viaje puede llegar a una tarifa por banderazo de ocho pesos y a un costo de 3.5 pesos por kilómetro, en la versión más básica del servicio.

Un taxista, representante de una organización que aglutina a los integrantes de su sitio, me dijo que las tarifas del banderazo están completamente fuera de la realidad y que el costo verdadero es el que ellos estiman.

Estimar la tarifa del viaje es muy tapatío: en el tiempo que manejé el taxi nadie me pidió que encendiera el taxímetro. Prefieren iniciar el viaje diciendo “¿Cuánto me cobra por ir a…?” Hay un acuerdo no escrito en que las cosas deben ser así. Como caricaturista, yo hice mofa de eso, ilustrando al usuario como alguien al que le gustaba que le cobraran mucho. Resulta ser que estaba equivocado.

Ser taxista implica no sólo saber manejar. Hay que tener paciencia franciscana en estos tiempos de pandemia, pues pueden llegar a pasar horas antes de que alguien pida un servicio.

Y reconozco que es frustrante que, mientras uno espera, potenciales pasajeros que están alrededor echan mano de su celular y llega un Uber o un Didi por ellos. Los taxistas tradicionales los ven ya con resignación; los más veteranos, con enojo. “Les gusta regalar su trabajo”, dicen en relación a sus tarifas más bajas.

Un taxi, como herramienta para conseguir el sustento, requiere también de mucha resistencia y carácter tranquilo, pues es una verdadera proeza conseguir el dinero del dueño del taxi (si no es propio), luego el dinero para la necesaria gasolina para trabajar y luego el dinero que va a llevar uno para la casa.

A mí se me estimó un mínimo de 700 pesos para poder decir que tenía dinero para los gastos mencionados. Nunca pude llegar a esa cantidad.

Las jornadas de trabajo, además, son muy largas si es que el taxista quiere reunir el dinero requerido. 10, 11 o más de doce horas al volante no son raras en el oficio. Los gastos en casa no esperan.

Con los hoteles al 25 por ciento de capacidad, la economía hecha añicos, con pocos o ningún visitante a la ciudad, con los estadounidenses restringidos a venir a México y sin fecha para algo que se parezca a la normalidad pre Covid, a los taxistas sólo les queda recordar los tiempos de vacas gordas.

“¡N’ombre, cuando había convenciones o fiestas en el hotel había trabajo de sobra! En un sólo viaje un grupo hacía que nos moviéramos hasta cuatro o cinco de nosotros. Los que iban a Chapala o Tequila eran muchos. En cambio, ahora está de la fregada”, me dijeron los compañeros.

La inseguridad también abona a la crisis. Los casos de intentos de asalto o de asaltos consumados forman parte de la plática de los taxistas. No importa que por la zona del sitio se hospeden las tropas de la Guardia Nacional y que sus patrullas pasen varias veces al día.

En el portal profesionistas.com ponen que un chofer de Uber gana, en promedio, mil pesos diarios, menos la comisión para la compañía, y eso si es carro es suyo. Eran números previos a la pandemia. Es improbable que lleguen a esa cantidad en estos días.

En apenas dos semanas acabó mi experiencia como chofer, trabajo al que llegué por desempleo. Bien dicen que el trabajo es una bendición, pero hay trabajos más benditos que otros. Ahora los entiendo.

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